De chica los cuentos me dijeron que los hombres y las mujeres se enamoran. Y que el príncipe extiende su capa para que la doncella pueda pasar por el charco sin mojarse los pies. Que él es capaz de pelear con un dragón a costa de su vida para rescatarla, y no le importa recorrer todo un pueblo probando un zapatito para encontrarla. Y que es irrelevante si él es un príncipe y ella una plebeya, él sin dudar le dará ese beso de amor verdadero para que su amada despierte del sueño eterno.A mí las historias me dijeron que no hay engaños, no hay miedos, ni dudas, no existen las mentiras y no importa el orgullo, me dijeron que soy una princesa, y que toda princesa merece un príncipe.
No me importa estar grande para eso, yo les creí... les creo.
Quiero que esa persona especial me tome de la mano cuando más lo necesito, que empiece besándome en la frente y después baje a mi boca, que cierre fuerte los ojos y me acaricie el pelo, que me haga reír, que me diga “te amo” una vez al día, que me abrace hasta quitarme el aire, que ocasionalmente me regale una flor, que me mire a los ojos, que me pregunte cómo estoy, que se acerque a mi cuello para oler mi perfume, que me deje ser y que seamos juntos, que disfrute de mi compañía, que me diga la verdad y no solamente lo que yo quiero escuchar, que me piropee hasta hacerme sonrojar, que me escuche, que me comprenda... y que me ame, por supuesto.
Ya no quiero migajas ni placebos, no quiero mendigar atención o ahogarme en llanto, no quiero dejar de ser yo, ni tolerar más ausencias, no quiero más poesías que mueran siendo sólo palabras, no quiero más mentiras, no quiero tener que alejarme para que él me extrañe...
Y no quiero ser una página más de su libro, sólo quiero ser parte de su vida.
Simplemente estoy cansada de agachar la cabeza esperando, resignada, eso que nunca llega.
Sólo me queda debatir en mi mente y ver la batalla desde afuera, anhelar, desear hasta el hartazgo, fantasear mucho, quizás por momentos comprender para luego enfrentar el desarraigo.
Yo sólo puedo seguir, caminar con los pies descalzos, estremecerme por el frío, sostener el nudo en la garganta, conformarme con sólo oler ese perfume (o imaginar que lo hago), mirar sin distinguir nada, querer sin ser correspondida, sentir forzándome a no creerlo, contemplar lo que quizás nunca tenga.
Yo sólo puedo seguir, leyendo cuentos y escuchando historias, o de pronto caer en la realidad para después empezar a soñar otra vez. Así me sumerjo en el vértigo de vivir pensando que todo llega a su tiempo y que nada fue en vano si hubo amor de por medio.
Es que algo dentro de mí se resiste a desaparecer, no quiere rendirse.
La esencia siempre queda intacta, eso es bueno.




